Versiones serias y sátiras de libros clásicos

Los ‘remakes’ literarios, una polémica tendencia

Por Redacción Expresiones

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28 de Febrero de 2011 - 19:18

Hace dos años el escritor argentino Rodolfo Fogwill versionó El Aleph, uno de los cuentos cumbres de su paisano, Jorge Luis Borges, en la novela Help a él, un anagrama del encabezamiento del famoso relato. Ahora es el español Agustín Fernández Mallo el que se acerca al autor bonaerense con El hacedor -cuentos, poemas y falsas citas-, remake publicado por Alfaguara. “Fue el primer libro suyo que leí”, cuenta Fernández, “y me impresionaron dos cosas: la capacidad de transmitir emoción a través de algo aparentemente descarnado y un montón de intuiciones que yo compartía sobre el tiempo, el espacio, la matemática y la metafísica”.

Un concepto que no circula por su cabeza es el de originalidad: “Toda la literatura de Borges es reelaboración de otras. Él mismo dijo que no existe la originalidad, que todo es literatura de segunda mano”.

Pese a que la palabra remake parece reservada al cine, las versiones literarias de una misma historia son muy antiguas. Ahí están Joyce reescribiendo a Homero, Goethe y Thomas Mann haciendo lo propio con la vieja historia de Fausto.

El horror del Mash-up

Lo que sí es nuevo es la tendencia de remezclar clásicos con subgéneros, generalmente terroríficos (Mash-up). El primero y más exitoso de estas versiones (perversiones, según algunos) es Orgullo y prejuicio y zombis (2009), un relato ampliado de la clásica novela de Jane Austen, pero con escalofriantes escenas de zombis que devoran a seres humanos, a cargo de Seth Grahame-Smith. En el mismo tono fue publicado Lazarillo Z. Matar zombis nunca fue tan divertido, un remake de la novela picaresca española del siglo XVI lleno también de muertos vivientes.

Tolstói gritando en su tumba

De Ana Karenina a Androide Karenina hay, aparte de más un siglo de por medio, la intención de la editorial estadounidense Quirk Classics, de seguir exprimiendo la fórmula de éxito. Ben H. Winters releyó durante un año el clásico de León Tolstói para diseñar un universo robótico en la Rusia del siglo XIX. “Si Tolstói leyera Androide Karenina me perseguiría gritando, se tomaba muy en serio a sí mismo y a su obra”, reconoce el escritor. La trama es básicamente la misma. El drama de Ana Karenina y su trágico romance con el Conde Vronsky como eje de la novela, salpicado por ‘ciborgs’, algunos, capaces de entender las emociones de sus amos y servirles de apoyo moral. Así, surgen paralelismos como este de original y remake, respectivamente:

Opción A

Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada. En casa de los Oblonsky andaba todo trastocado. La esposa acababa de enterarse de que su marido mantenía relaciones con la institutriz francesa y se había apresurado a declararle que no podía seguir viviendo con él.

Opción B

Todos los robots que funcionan se parecen entre sí: pero cada robot que deja de funcionar falla por un motivo específico. En casa de los Oblonksy reinaba la confusión. La esposa había descubierto que su marido tenía una relación sentimental con la joven francesa que había trabajado para ellos como ‘mécanicienne’, encargada del mantenimiento de los robots Categoría I y Categoría II de la casa. El País/El Mundo/AGV

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